La Costa Sur es una de las zonas que más me gustaron de Islandia. No sé si por que tiene las cataratas más bonitas que he visto, por los acantilados escarpados, las playas negras o la preciosa laguna glaciar, todo acompañado de buen tiempo durante los dos días de viaje. Mi segunda vez en Islandia repetí en esta zona, también con tiempo soleado aunque algo más de frío y viento, a finales de marzo.
La mejor forma de ver la costa sur es recorrerla en coche por la Ring Road, aunque también hay excursiones y tours organizados desde Reikiavik. La carretera discurre paralela a la costa y puedes encontrar una gran oferta de alojamientos en pueblos como Vik, Hella y Höfn.
- 1ª Parada: Cataratas de Seljalandsfoss y Gjufrafoss
- 2ª Parada: Cataratas Skogafoss, Kvernufoss y el Skogarmusseum
- 3ª Parada: Glaciar Myrdalsjökull
- 4º Parada: avión estrellado en la playa de Sólheimasandur
- 6ª Parada: Vik i Myrdal
- 7ª Parada: La cueva de hielo del volcán Katla
- 8ª Parada: Eldhraun y Fjaðrárgljúfur
- 9ª Parada: Parque Nacional de Skaftafell: el glaciar Vatnajokull y la cascada Svartifoss
- 10ª Parada: la laguna Jökulsárlsón y la Playa de los Diamantes
1ª Parada: Cataratas de Seljalandsfoss y Gjufrafoss

Seljalandsfoss es una de las cataratas más bonitas de Islandia, y no sólo por su caudal o por su altura, de 60 metros, sino por todo el conjunto que crea con el entorno. El agua cae dentro de una cueva que se puede rodear y ver en 360º sólo en verano. Para llegar hay que tomar el desvío 30 dirección Porsmork y cuenta con dos parkings, uno de arena y otro asfaltado, de los cuales luego me enteré que había que pagar en una máquina unos 5 euros (los islandeses no pierden una con tal de sacar pasta). Uno de ellos tiene un pequeño puesto que vende café y bollería. Nunca me llegó la multa, pero en mi segundo viaje me fijé que tenían cámaras así que pagué. De hecho al introducir la matrícula ya te sale la tuya por defecto.
Según te vas acercando ya te va cautivando el sonido del agua. Procura llevar un chubasquero o una chaqueta para no mojarte y sobre todo un calzado con buen agarre, así podrás rodearla sin caerte porque el terreno es algo resbaladizo. El agua se siente caer tan cerca que incluso te dará la sensación de estar justo debajo. El mejor momento para hacer las fotos creo que sería al atardecer, cuando el sol le da de frente, y hay menos gente que por la mañana.
Gjufrafoss es otra preciosa cascada que está un poco más escondida que su hermana mayor, a unos 10 minutos andando, dentro de una cueva a la que se accede por una gran grieta. Según vas entrando ya escuchas el eco del agua al caer. Aquí sí que recomiendo llevar calzado con goretex porque para entrar tienes que caminar por un pequeño arroyo. Una vez dentro te parecerá una cascada de cuento. Yo me quedaba embobada viendo caer el agua y cómo entra la luz desde arriba al interior de la cueva.


2ª Parada: Cataratas Skogafoss, Kvernufoss y el Skogarmusseum

A unos 10 minutos en coche está la catarata que, bajo mi opinión, es una de las más espectaculares de Islandia, sino la que más (con permiso de la de Selfoss). Skógafoss está también al lado de la Ring Road y tiene un parking gratuito bastante grande. Como nunca me acordaba del nombre, la llamaba “la cascada de Floki”, porque aparece en una escena de la serie Vikingos, capítulo 3 de la T5, cuando Floki llega a Islandia. Siempre está llena de turistas, así que ten paciencia porque para hacerte una foto hay que hacer cola. Tiene una caída brutal sobre una playa de arena de color negro y es difícil acercarse porque enseguida notas la tremenda fuerza del agua y acabas empapado. Si tienes la suerte como yo de tener un día soleado podrás ver un precioso arcoíris delante de ella, que hace que la escena sea aun más bella. En el lado derecho hay un tramo largo de escaleras que suben arriba de la colina, desde donde puedes ver la caída y sentir más de cerca la gran cantidad de agua que lleva. Alucinas con las ovejas pastando tan tranquilas por el precipicio.

Al lado está el Skogarmusseum, que son una serie de casitas con el techo de tepe (césped), que se usaba debido a la escasez de madera, se trasladaron a mediados del siglo pasado para recrear la vida en la isla. En el interior de cada casa se reproduce el estilo de vida de sus habitantes. También hay una iglesia pequeñita, como todas las que verás en la isla.

Kvernufoss es otra maravilla de cascada que cae sobre una cueva. Está más escondida y por eso recibe menos visitas, afortunadamente. Se llega por un sendero que sale desde el museo Skógar y que recorre unos 600 metros a lo largo de un valle. En mi segunda visita a Islandia pude disfrutar de esta joya oculta sin apenas gente.

3ª Parada: Glaciar Myrdalsjökull
Después me dirigí hacia el glaciar Myrdalsjökull, en el que se aprecian los tonos negros de ceniza en hielo milenario. La razón es porque debajo del glaciar se esconde el Katla, uno de los volcanes más activos de la isla y que lleva sospechosamente dormido demasiado tiempo, algo más de 100 años. Tiene una pequeña laguna creada por el deshielo, de hecho, fui testigo de cómo se desprendía un pedazo de glaciar, generando un estruendo brutal. El desvío de la carretera es el 221 – Sólheimajokull, cuenta con un parking desde donde tienes que andar unos 20 minutos al menos.

4º Parada: avión estrellado en la playa de Sólheimasandur
Algo más tiempo necesitas para llegar caminando hasta el famoso avión abandonado en la playa de Sólheimasandur. El aparato se estrelló en 1973 y sus restos se han convertido en todo un símbolo para los turistas. El recorrido lleva unos 45 minutos de ida (4 km) a paso ligero, pero si hace viento, algo taaaan habitual, y lluvia, se puede hacer largo y pesado. Hay un servicio de bus por 20 euros que se toma en el mismo parking Sólheimasandur Plane Wreck, donde puedes aparcar sin pagar. Yo hice el recorrido andando con 3 españoles que conocí y a la vuelta cogimos el bus para ahorrar tiempo y había tanta gente que no nos pidieron el ticket.


5ª Parada: acantilados Dyrhólaey, playa Reynisfjara y formaciones rocosas

Dyrhólaey es la zona donde están los imponentes acantilados desde los que disfrutar del maravilloso contraste del paisaje que crean la playa negra, el mar azul y el verde dorado de la vegetación, acompañado de los frailecillos que se lanzan a volar desde lo más alto. Cuenta con un faro muy chulo en la punta. Debajo del faro se ve la robusta formación rocosa en forma de arco que resiste el embiste del viento y las olas. Para llegar hay que tomar el desvío 218 y subir por un camino asfaltado (antes era de grava). A la bajada, se ven unas vistas impresionantes de la playa Reynisfjara.

Para llegar a la playa de Reynisfjara hay que tomar de nuevo la 1 dirección Vik y coger el desvío 215. A la entrada hay una iglesia muy bonita, del estilo de todas las islandesas, y una cafetería. Puedes aparcar gratis en el parking, que está al lado de la playa, y disfrutar de las vistas al atardecer. En el lado izquierdo están las inmensas columnas verticales de basalto de forma hexagonal, si vas con cuidado puedes subirte sobre alguna para hacerte una foto muy chula. Si vas en agosto verás a los frailecillos que se lanzan desde lo más alto. Bordeando la zona se encuentra una enorme cueva también de basalto y enfrente están las famosas formaciones rocosas verticales en el mar, uno de los escenarios de Juego de Tronos, y de las que cuenta la leyenda que fueron unos trolls que se quedaron petrificados al salir el sol.



6ª Parada: Vik i Myrdal
Vik i Myrdal es el pueblo referencia de la zona, donde hay una mayor oferta de alojamientos, gasolinera y el supermercado Kronan, en el que puedes cargar el teléfono, con un restaurante, aseos gratis y fuente para rellenar la botella de agua. Es famoso por la iglesia blanca de tejado rojo que está en lo alto de una colina y desde donde se ve el pueblo, la playa y a lo lejos las formaciones rocosas de Dyrhólaey. Tiene muy fácil acceso y puedes subir en coche.

7ª Parada: La cueva de hielo del volcán Katla
Una de las excursiones más espectaculares que hacer en la costa sur es visitar una cueva de hielo. En mi caso, escogí la cueva que está situada sobre el volcán Katla. Estas cuevas van cambiando constantemente, sólo se pueden visitar de septiembre a abril, ya que con el deshielo es peligroso y ocurren derrumbes, algunas desaparecen, pero ésta en concreto se puede visitar durante todo el año. Uno de los motivos por los que escogí esta excursión fue para ver colosal «agujero» de hielo que queda como vestigio de una cueva anterior, y que impresiona por su forma y tamaño.

La excursión la contraté con Arctic Adventures, por módico precio de 189 euros. Aunque de primeras asusta, creo que merece la pena cada céntimo invertido. Hay más empresas, como Trolls Adventures, Southcoast Adventures, pero todas al mismo precio. Te llevan en un súper Jeep atravesando la llanura alrededor de la zona montañosa hasta el volcán Katla, uno de los más virulentos de Islandia y que eclosiona cada 100 años, su última erupción fue en 1918.

Cuando te vas acercando se puede apreciar el glaciar que lo cubre y, si eres fans de Star Wars, disfrutarás sabiendo que en el impresionante valle que atraviesas cubierto de arena negra y nieve es donde se rodó el comienzo de Rogue One. Una vez llegas al volcán, te colocas unos crampones sobre las botas y te diriges a la zona de las cuevas, subiendo sobre el glaciar por un recorrido que ya está marcado con cuerdas, bastante fácil. Entrar en las cuevas es una sensación única, no sientes el frío como en el exterior, mientras escuchas el sonido del agua que corre por algunas zonas. El color del hielo es precioso, en algunas zonas se ve azul, según refleja la luz y debido a la presión de años y años y a la ausencia de oxígeno. Podrás alucinar con los brillos que desprende, las burbujitas de aire que se ven dentro del hielo y la suavidad de las ondas que forman las paredes. Había un tragaluz del que colgaban estalactitas de formas imposibles, me podría pasar horas admirándolo. Pero si algo se lleva todas las miradas, es el colosal arco de hielo resultado de una cueva anterior, algo que parece imposible, casi tiene la forma de una circunferencia perfecta.

8ª Parada: Eldhraun y Fjaðrárgljúfur
Una zona repleta de curiosas formaciones de lava llamada Eldhraun. Hay algunos ensanches muy pequeños en la carretera para parar uno o dos coches y poder verlo más de cerca.

A una hora de Vik está el cañón de Fjaðrárgljúfur con una cascada preciosa, para llegar sólo hay que aparcar (pagar la tasa correspondiente) y caminar unos 15-20 minutos. Hay varios miradores desde los que ver el cañón y la cascada..
Mi primera vez dormí en una guesthouse en Horsgland. El complejo tenía varias cabañas y mi habitación estaba en el edificio principal, con cocina y salón compartido que por cierto estaba lleno de italianos de viaje organizado con sus pizzas y latas de cerveza. La segunda vez en Islandia dormí en Landbrot Guesthouse, del Magma Hotel, una hilera de pequeños bungalows ideales para salir a ver la aurora en plena noche.


A la mañana siguiente, camino del glaciar, la carretera me iba ofreciendo increíbles vistas de cascadas en el margen izquierdo, como la de Foss midway li la lo y la de Foss a Sidu, que además se ilumina por la noche, está al lado de una granja y se puede dejar el coche muy cerca, y algunas otras curiosidades, como Dverghamrar, una formación de rocas de basalto, y Nupsstadur, varias casas típicas con el techo de césped.

9ª Parada: Parque Nacional de Skaftafell: el glaciar Vatnajokull y la cascada Svartifoss
El glaciar Vatnajokull, con 8.000 km de superficie, se encuentra en el Parque Nacional de Skaftafell y ocupa casi el 10% de la superficie del país. Una de las actividades más habituales es caminar con crampones por el glaciar, y la visita a la cueva de hielo entre el mes de octubre y abril, antes de que comience el deshielo.


Si vas en coche desde Vik, te aseguro que las vistas que se ven son impresionantes. La carretera atraviesa una gran llanura negra y al fondo se ven la cadena montañosa sobre la que surgen las lenguas del glaciar. Verás algunos caminos indicados con la señal “F” que se desvían hacia el interior, hacia las Tierras Altas, y son sólo aptos para todoterrenos. Una vez veas el desvío hacia el Parque Nacional Skaftafell, en la 998, ve directo hacia al centro de visitantes y aparca el coche ahí. La primera parada obligatoria es Svartifoss, una pequeña y preciosa cascada que se caracteriza por caer entre una pared formada por columnas de basalto negras, rodeada de verde vegetación. De hecho, creo que es la única zona con árboles y arbustos en toda la costa Sur. Desde lo alto se ve toda la llanura y los ríos que desembocan en el mar con el agua del deshielo del glaciar.

Se supone que hay aparcar en uno de sus tres parkings de pago (uno de ellos es sólo para caravanas) pero también puedes seguir por esa carretera hasta pasado el último parking y dejar el coche en el arcén sin problemas, que además está cerca de donde empieza la ruta y no pagarás nada. Si aparcas en el parking, puedes entrar en el centro de visitantes para coger información sobre las diferentes rutas que recorren este paraíso natural. La ruta a Svartifoss es de nivel fácil, lleva algo menos de dos horas ida y vuelta, y merece la pena disfrutar de los tramos por donde cruza el río o desde donde se ve el mar.
El camino está bien indicado, pero hay que prestar atención a los carteles según vas subiendo porque existen rutas alternativas a diferentes zonas del parque. Una de ellas llega hasta un mirador desde donde se ve el glaciar, algo que no pude hacer por falta de tiempo, para variar.
Hofskirkja es una iglesia muy curiosa con el techo de tepe.

Fjallsárlón es una laguna al pie del glaciar que no es tan visitada por los turistas y en la que se pueden ver muy de cerca los pedazos de icebergs que se van separando del glaciar. La playa es un remanso de paz, sin nada de ruido.

10ª Parada: la laguna Jökulsárlsón y la Playa de los Diamantes
La Laguna Jökulsárlsón nace de una de las lenguas del glaciar y es uno de los encantos de la zona. Nació hace poco más de 100 años y va creciendo año a año debido al calentamiento global. La laguna desemboca en el mar en la famosa Playa de los Diamantes, sobre la que van a parar los pedazos de icebergs en su arena negra, arrastrados por la corriente. El efecto que se ve es un curioso contraste creado por estas «piedras preciosas» brillantes repartidas a lo largo de la arena negra. Algunas incluso más altura que un humano.

En estos bloques de hielo milenario se aprecian los colores azul, blanco y negro, este último debido a la ceniza de los volcanes. El azul es porque el hielo está tan prensado que ya no deja pasar la luz. De vez en cuando asoman la cabeza desde el agua las simpática focas y otras veces se dejan ver descansando encima del hielo, acompañadas de multitud de gaviotas.

En los alrededores de la laguna hay varios food-truck que sirven café y comida, entre otras cosas, los famosos bocadillos de langosta. Si has contratado el paseo en el barco anfibio o en la zodiac, salen desde aquí. Merece la pena navegar por las gélidas aguas y pasar muy cerca de los grandes bloques flotantes de hielo milenario. A nosotros nos trajeron un pedazo enorme para que lo puedas sostener y morder. Tuve la suerte de contar con un guía latino y más de la mitad de los pasajeros de mi barco eran españoles, así que no perdí detalle de la historia del rodaje de una película de James Bond sobre la laguna congelada.
